lunes, 17 de marzo de 2008

Lamprea





Desde enero a abril llegan los mejores ejemplares de lamprea a los ríos gallegos; así reza el refrán: “[la lamprea], en marzo para el amo; en abril, para el criado.” Pero hay otro que afirma: “Hasta abril, para mí; en mayo, para el criado; y en junio ni para el sacristán ni siquiera para el can”
Se aprecia en el ocidente francés, Galicia y Portugal, no conozco otros lugares donde se coma.
Los romanos ya pescaban la lamprea en Galicia y en tinajas las trasportaban a su país; las tenían en viveros y diz que había quien las alimentaba con carne de esclavo. Tonterías, las comerían enseguida, no andarían con esas zarandajas.
La lamprea es plato gallego, se consume aquí desde hace muchísimo tiempo, cocinad de diferentes formas; una de las más peculiares es en el cocido, después de seca y rehidratada. Es de esos platos de aspecto preocupante para el visitante, como el pulpo o los chocos en tinta. Platos oscuros. Es gallego, sí, pero no exclusivamente. Hay textos castellanos del s.XII en que se menciona la lamprea, por ejemplo:
(S. XII) Otrosi devela escojer que sea biva: ca la muerta de quatro oras adelante es mala: otrosi la que muere por si se es muy mala: y es enconada.:. // [ LAmprea ] es cerca de la natura dela Anguilla / mas non esta viscosa y es de mejor sabor y mas preciada: y la fembra es mejor que non el macho.
Y en el Llivre de Coch (1520), del Mestre Robert de Nola, cocinero del rey Fernando de Nápoles se menciona la empanada de lamprea, lo que podría ser un pastelón de lamprea.
(“De lampresa en graelles”, pág. 100 del Libro de Coch, Mestre Robert de Nola, edición de Verónika Leimgruber, Curial, Barcelona, 1996)
Este libro se tradujo del catalán al castellano y se publico en 1525. Tal vez el recetario de la lamprea llegara a Galicia a través de la nobleza o del clero proveniente de Francia. Sería bueno estudiar cómo llega el recetario de la lamprea a Galicia y Portugal.
Fue abundante pero parece que a causa de la contaminación, embalses y falta de lluvias, anda escasa. Algo se debería hacer al respecto. En EUA y Canadá he leído que la lamprea es plaga y además no la comen. Algún listo la comenzó a exportar a Francia y se sospecha que a Galicia.
Tal vez estemos comiendo lamprea de las Indias sin saberlo, si fuese así no estaría mal que nos lo dijesen.

Es un pez anádromo, o sea, nace en el río y vive en el mar. Vertebrado acuático primitivo, de esqueleto cartilaginoso como el tiburón. Los latinos la llamaban “lampreta” y los griegos, “petromyzon” significa “lamedora de piedras” porque se aferra a las piedras con la boca en forma de ventosa. Con esta se fija en las presas vivas y les absorbe la sangre de la que se alimenta.
Durante 4 ó 5 años después de nacer, vive en el río en estado de larva midiendo unos 20 cm. Baja al mar donde vivirá hasta alcanzar la madurez sexual. Habrá crecido hasta los 80 – 100 cm. y pesa alrededor del kilo.
Inicia el viaje de vuelta al río a reproducirse. La puesta de huevos la hace entre primavera y verano en nidos construidos con piedras que transportan con su boca aventosada.
Durante la puesta el macho se fija a la hembra y enrosca, mientras la hebra se fija a una piedra del fondo. Al acabar este apareamiento, la lamprea muere.
En Galicia se pescaba en lugares construidos a propósito para ello que llaman “pescos”, son murosque canalizan el agua y conducen a las lampreas a la trampa, unas nasas que llaman “butrones”.

El restaurante
El maestro Cunqueiro recomendaba comer la lamprea un día lluvioso con tres amigos que no hablasen hasta los postres y no fumasen hasta el café.
Nosotros no somos tan exigentes. La comimos en As Neves, en O Frenazo.
Excelente pan de trigo gallego, vino tinto de Reberteme, cosecha de los propietarios del restaurante, (caíño, retinta, mencía y espadeiro), ligeramente áspero, pero noblote (5€/botella).
Primero vino lamprea seca y rellena (7 €/ración). Hace buen fiambre con matices de ahumado interesantes.






Después apareció a la bordalesa (28€/ración), con una salsa bien resuelta, en su punto de textura y paladar, sin embargo la pieza estaba demasiado delgada parecía modelo francesa, tal vez viniera de Canadá, vía Francia…
En los postres asomó el requesón de la comarca, no me entusiasmó.
Total: Pasable.
Ahí va una receta de la lamprea a la bordalesa. Nunca me atreví a cocinarla. Si lo intentan, buena suerte.
Si me decido, informaré inmediatamente.
Lamprea al modo bordalés
6 personas
1,5kg de lamprea
200cc vino tinto burdeos o rioja
200cc vino tinto mencía o condado
50gr de jamón
150cc aceite de oliva
1 cebolla grade
Un ramillete aromático: perejil, laurel y ajo
1 c/p de harina
Sal
Pimienta
Perejil picado
Pan tostado

Se sumerge la lamprea viva en agua hirviendo teniéndola amarrada con un cordel por la cabeza, para poder retirar del agua con facilidad.
Se raspa la piel con un cuchillo para retira la capa viscosa que la envuelve y se refriega con una paño áspero, una arpillera irá muy bien. Se lava y se seca.
Se coloca en un recipiente amplio juntamente con los vinos.
Sin retirar la lamprea del recipiente se le corta la cabeza. Enseguida se hace un corta a lo largo de los tres orificios inferiores. Se hace otro corte en la región anal, contorneando el orificio que existe junto a la cauda, hay que tener cuidado de no perforar el tubo digestivo y estropear el vino con el contenido del mismo. Se retira rápida y cuidadosamente la tripa entera.
Se cortan la lamprea en trozos de 4 a 6cm y de deja a sazonar en el líquido con sal, pimienta y el ramillete de olor. En esta marinada quedará durante 1 hora.
Se pica la cebolla y se dora en aceite levemente.
Se van añadiendo los trozos de lamprea escurridos, el jamón troceado en taquitos y se deja rehogar todo 10 minutos.
Se riega con la marinada en la cual se ha desleído la harina.
Se deja cocer a fuego suave durante 20 minutos, agitando el recipiente de vez en cuando.
Cuando lamprea estuviera cocida, se retira y reserva.
Se deja cocer la salsa 10 minutos más y se pasa por un chino a otro recipiente donde se le añade la lamprea de nuevo y se lleva al fuego a calentarse.
En una fuente se colocan las rebanadas de pan tostado. Sobre cada una se coloca un trozo de lamprea.
Se salsea y se espolvorea con perejil picado.
Se sirve aparte arroz blanco cocido en un buen caldo.

Salpicón de pez espada




El espada o emperador (Xiphias gladiuss) da muy buenos salpicones o parrillas. Un salpicón se arregla casi con cualquier pescado cocido. En casa, el espada está congelado y se va cocinando según se necesita.
Va muy bien tener un salpicón del que puedas echar mano para almorzar o merendar. Este platos me recuerda ya a los escabeches del verano, tal vez por el regusto a vinagre.
Este se preparó para dos o tres personas.

La receta
300 gr. de pez espada cocido, limpio de piel y espinas, frío y ligeramente desmenuzado
1 cebolla finamente picada
½ pimiento verde también picado
Un puñado de alcaparras lavadas, enjuagadas y picadas
Aceitunas negras de Aragón
Aceite de oliva
Vinagre de Jerez
Sal
Pimienta
Simplemente se cuece el pescado del mismo modo que hemos comentado como cocíamos la maruca.
Se deja enfriar y se desmenuza en trozos no demasiado pequeños.
Se pican muy bien las verduras y las alcaparras. En un cuenco amplio, se le añaden las aceituna, sal, pimienta, aceite y vinagre en la proporción más a nuestro gusto.

 
Podría añadirse un picadillo de pimiento rojo, zanahoria, apio y huevo cocido, pero hoy buscaba la ligereza.
 Se añade el pescado a la vinagreta y se mezcla bien removiendo suavemente para que se impregne bien de sabor.
Lo podemos dejar enfriar un poco antes de servir.

Revuelto de salmón y wakame



Un revuelto es solución rápida. Este, que combina el sabor del salmón con las algas, es particularmente delicado. Una copa de rosado de Navarra lo puede acompañar dándole alegría: mañana es sábado…
Mientras cocinaba fui haciendo un aperitivo de jamón.
La receta
3 huevos, preferiblemente caseros, ligeramente batidos
½ lata (50gr) de alga wakame
150 gr de salmón ahumado (una loncha mediana) no demasiado troceado
½ calabacín sin pepitas y cortado en cubos diminutos
¼ de cebolla muy picada
1 diente de ajo picadísimo
Aceite de oliva
Eneldo fresco picado
Sal y pimienta recién molida
Ponemos la cebolla a dorar cuidando que no tome color.
Añadimos el ajo para que también dore.
Para que se haga la cebolla, primero le ponemos fuego vivo y perderá el agua; bajamos el fuego a continuación y, si intenta pardear, vamos añadiéndole pequeñas cantidades de agua.
Ponemos en la sartén el calabacín y le echamos un poco de sal para ayudarlo a desaguar. En unos momentos ablandará y el sofrito básico está hecho.
Acrecentamos el alga troceada y dejamos que se cueza un poco revolviendo suavemente.
Las algas están en mi “fondo de despensa”. Un día hablaremos del “fondo de despensa” necesario en casa de un soltero, bueno, o casado...
Las algas se pueden comprarse secas o enlatadas. Las primeras hay que hidratarlas previamente durante unos 20 minutos. Las segundas, es sólo abrir la lata, pero resultan más caras.

A continuación ponemos el salmón y dejamos cocer muy brevemente. Se trata de que no se acartone. Vertemos el huevo en la sartén y la retiramos.
Ahora hay que tener cuidado. Queremos un revuelto cremoso, no una masa grumosa y seca, como una tortilla francesa troceada. Tenemos que ir revolviendo el conjunto con una espátula dándole el calor justo y retirando la sartén del fuego cuando veamos que el huevo cuaja demasiado deprisa.
Al ver que va tomando la textura que buscamos, salpimentamos y retiramos la sartén del fuego. Se acabarán de cocer al calor del recipiente: estarán cremosos y no secos.
Cuestión de suavidad y revolverlos convenientemente para que cuajen despacio.
Emplatamos y los espolvoreamos con eneldo picado. 

No siempre es fácil tener hierbas aromáticas frescas en casa. Las secas pierden mucho aroma. Una manera de disfrutarlas es picarlas frescas, meterlas en botes de vidrio de tapa hermética y congelarlas: eneldo, perejil, cebollino y cilantro aguantan bastante bien.

Pudin





En días señalados nos permitimos comer un dulce. Lo podríamos haber acompañar de helado o nata montada, pero nos comedimos y sólo hemos puesto el caramelo que le pertenece.
La receta
¾ litro de leche hirviendo
4 huevos batidos a punto de tortilla
4 c/ soperas rasas de azúcar
2 c/ soperas de azúcar y 3 c/soperas de agua para caramelizar el molde
200 gr. de pan seco desmenuzado en trozos del tamaño de la primera falange del dedo índice.
Un puñadito de nueces picadas
Un molde para pudin convenientemente acaramelado
Horno precalentado a 200º
Caramelo en el molde
Al lado del fogón debemos tener un vaso con agua fría. En una sartén se pone al fuego el azúcar y el agua y se va revolviendo. La mezcla se irá calentando y poco a poco tomará color, en ese momento cortamos el hervor con un chorro de agua fría continuamos revolviendo hasta que adquiere un bonito color marrón claro.
Inmediatamente se echa en el fondo del molde y se hace correr hasta que lo cubra en su totalidad.
Ya tenemos el molde caramelizado.
En este molde ponemos el pan desmenuzado y las nueces picadas.
La leche hirviendo la vertemos sobre los huevos batidos, revolvemos y lo echamos sobre el pan y las nueces.
Debemos tener un recipiente con agua caliente, no hirviendo, donde quepa el molde y el agua lo cubra hasta la mitad de su altura.
Pondremos el molde dentro y lo dejaremos cocer en este baño.
Es importante vigilar que el agua no hierva.
Estará cocido en unos 30 minutos. Podemos probar a pincharlo con una aguja, al salir limpia, está cocido.
La técnica de este pudin es sencilla; una masa de pan y fruto secos amalgamada con flan cocido a baño maría.

Sardinas asadas



En O Porriño había hoy sardinas de la ría. Todavía no es tiempo, a esta altura del año deberían nadar profundas, porque la sardina sube del fondo cuando el agua se calienta en primavera. Acaso el calentamiento de febrero las confundió.
Pero me gustan tanto que no resistí la tentación de probarlas. No estaban mal, aunque no estaban bien. Fue una tentación.
Las sardinas se deben comprar fresquísimas, salarlas con sal gruesa para que endurezcan y, sin destriparlas ni escamarla, asarla a la plancha o a la brasa el mismo día. La sardina no aguanta fresca.
Si se van a consumir después de 24 horas de compradas, hay que destriparlas, escamarlas y descabezarlas. Ponerles sal gruesa y guardarlas entre papel de cocina.
Ya volveremos sobre la sardina en época más propicia, pero fue lo que tocó hoy y aquí están.

La receta

Extractor en marcha. Plancha caliente y un hilo de aceite sobre ella.
Las sardinas estarán esperando escurridas y saladas con sal gruesa.
Van a la plancha. La mejor manera para voltearlas es con una espátula.
Para ajustar el punto de cocción, lo mejor es fiarse del color dorado de la piel.

Una sugerencia para los que le molesta el olor a sardina al hacerlas a la plancha; utilicen el “grill” del horno. Pongan las sardinas en la parrilla acérquenla al “grill” encendido, este actuará como una brasa. A media cocción, denle la vuelta.
Las acompañamos con una ensalada de lechuga muy abundante.

Ropa vieja de bacalao al horno


Hay días que nos encontramos con sobras en la nevera que es conveniente reciclar. La cocina de las sobras en fascinante. Hay libros enteros sobre la cocina de sobras.
Las ropas viejas se basan en sofreír en aceite aromatizado con ajo los restos de carne y verdura de un cocido y la patata que lo amalgama todo.
Tiene la sustancia básica del cocido, se acrecienta el sabor con el aceite y aun hay quien lo enriquece poniéndola en una fuente de horno, pintándola con huevo batido y gratinando.
Así que siguiendo el modelo ropaviejil recuperamos este bacalao asado el sábado pasado. Además se cocina en un momento.
Es ropavieja en el concepto que no en los ingredientes. Se pueden variar los ingredientes según lo que haya en la nevera.

La receta

250gr de bacalao asado ligeramente desmenuzado
Un bote de habichuelas cocidas lavadas y escurridas
2 lonchas de jamón
1 cebolla mediana picada
½ pimiento verde y ½ roja, ambos picados
Un diente de ajo finamente picado
Vino blanco seco
Sal y pimienta
Pochamos cebolla con el ajo y el pimiento.
Incorporamos el jamón cortado a tiras y dejamos que tome color.
Añadimos las habichuelas, revolvemos y añadimos un chorro de vino blanco. Una vez que hierve el líquido, bajamos el fuego y añadimos el bacalao. Salpimentamos y dejamos que se vaya cociendo a fuego suave.
Cuando la salsa formada, espese está listo.
Este plato lo acompañamos con coliflor cocida y fría aliñada con vinagreta.

lunes, 10 de marzo de 2008

El colador




Fundamental. Hay que tener uno grande y otro pequeño, ambos con estructura sólida; el mayor, de acero y malla media. Servirá tanto para colar un caldo como para escurrir el líquido de cualquier producto, sumergir en agua helada una cocción o sostener sobre una cazuela, por ejemplo unas judías verdes convenientemente tapadas para que cuezan al vapor. Puede hace el servicio de un colador chino para afinar una salsa o incluso de tamiz rallador para un puré de castañas o de patatas.

Conejo estofado



Junto con el pollo son las dos carnes blancas que menos colesterol aportan. Si fuésemos americanos del norte raramente comeríamos conejo, que ellos lo tienen como animal de compañía y se le representa lo que para nosotros sería comer gato y les da mucha pena.
No obstante, entre nosotros, en el Llivre de coch de Rupert de Nola (s. XV), aparece una receta de gato muy sabroso después de adobado. Aunque advierte del cuidado de no consumir la cabeza que puede provocar locura y recomienda enterrarla. Es que nuestra cultura no consume mamíferos carnívoros que yo recuerde…
Precalentamos el horno a 180°
Doramos el conejo en aceite de oliva.
Lo ponemos en una cazuela.
Majamos dos dientes de ajo y dos ramas de perejil con un poco de sal gruesa en un almirez.
Desleímos el conjunto con un chorro de jerez seco.
En el aceite de dorar el conejo, doramos media cebolla picada añadiéndole un aire de azafrán, romero, tomillo y una hoja de laurel.
Todo esto lo vertemos sobre el conejo y salpimentamos (ojo a la sal del almirez)
Humedecemos todo con un cuarto de vaso de caldo de carne.
La cazuela tapada va al horno durante 45 ó 55 minutos. Par acompañar, verdura.
Queijo de ovelha curado. Queijaria Flor da Beira



Maravilloso queso de oveja cremoso fabricado en la Serra de Estrela (DOP) es un “queijo da serra”: leche de oveja, sal y cardo como coagulante. Los siguientes enlaces amplían información.

Empanada de bonito


Empanada de bonito
El empanar no es técnica exclusiva gallega, se empana en otros lugares. Basta que haya una base de harina cocida -con o sin cubierta- rellena para que estemos delante del concepto “empanada”.
Bien pensado una “pizza” o una “focaccia” son empanada descubiertas. Delante de un trozo de pan con tomate con embutido o tortilla pensé más de una vez que estaba ante una suerte de empanada. Las “coques” catalanas, empanadas son. Un bocadillo tampoco anda lejos del concepto “empanada”.
Pero los gallegos es cierto que tenemos modo propio de empanar y esta es seña de identidad de la cocina gallega, sin duda. En Galicia se empana desde hace mucho tiempo y se empana de todo. Se podría hablar también de los pastelones y las empanadillas.
Recuerdo empanadas sabrosísimas hechas por mi abuela, comidas en el campo por los que trabajaban recogiendo las patatas o arando. Eran de conejo o pollo, de pan grueso y alto; se levantaba la tapa y allí estaban los trozos de pollo guisado y coloreados de pimentón y azafrán. Cada uno cogía una tajada que comía apoyado en un trozo de pan de la tapa impregnada de la salsa. Eran empanadas-fiambreras. La empanada es “take-away” adelantado a su tiempo.
Tengo noticias muy próximas de que las mujeres que iban a la feria a Redondela, compraban, por ejemplo, unas sardinas, un pimiento cortado, una cebolla que picaban, un chorro de aceite y un sobre de azafrán. Lo aderezaban todo en crudo entre la masa de pan de la misma panadería e iba a una bandeja honda. El panadero la cocía en el horno. Cuando la mujer acababa sus tareas en la feria, recogía la empanada y llegaba a casa con la comida hecha.
Quien traía así la empanada era mi abuela, quien la olía aún en el camino y anunciaba la llegada era mi madre
No hace mucho comí una empanada memorable preparada por Rita, la mujer de Gustavo. Era de besugo (ollomol) y contenía hasta la cabeza del pescado. Una maravilla.
Ahora se llevan las empanadas de pan delgadas. Esta fue improvisada como entrante para una comida de domingo.
Empanada


Guiso
Abrimos dos latas de bonito en aceite de oliva y lo ponemos desmigado a escurrir de aceite en un colador sobre un cuenco adecuado. Este aceite nos puede servir para aliñar un par de ensaladas de tomate.
Entretanto ponemos una cebolla y media a pochar con medio pimiento rojo y medio, verde. Añadimos un poco de pimentón, pero sin pasarnos para no empalagar. Dejamos pochar sin que la cebolla tueste. Se deja enfriar y al estar, frío se añade el atún escurrido de aceite y desmigado. Salamos. La cantidad de aceite de este guiso debe controlarse mucho. El exceso humedecería mucho la masa y esto no conviene.
Masa
½ Kg.
harina 1c/c sal
2 nueces de mantequilla
1c/c azúcar
Un aire de pimentón dulce
1 c/s rasa de levadura
Un huevo (facultativo)
Poner a calentar mitad agua y mitad leche hasta estar templada. Añadir poco a poco a la harina y no demasiada cantidad. Disolver en ella la levdura.
Amasar añasiendo el resto de ingredientes.
Dejar reposar en un lugar templado ½ hora.
Dividir en dos mitades y dejar reposar sobre el mármol enharinado, diez minutos más.
Rellenar con el guiso y meter en el hornoPrecalentamos el horno a 180-200°
Se prepara la base con el rulo estirándola a la medida conveniente. Ponemos la base sobre el cartón o sobre la placa de horno. Echamos el relleno. Preparamos la cubierta y la tapamos. Ahora es el momento de cerrar el borde enrollando borde de la base con borde de la cubierta.
Cerrada se le hace un pequeño orificio en el centro de la cubierta por el que podremos verter algún resto de aceite del guiso que nos haya quedado.
La empanada se cocerá en aproximadamente una hora. A media cocción se pinta toda la superficie con los restos del aceite del guiso y si no quedase con aceite de oliva.

Calamares a la romana


(2 personas)
½ kg de calamar limpio y cortado en rodajas
2 vasos de agua muy fría
1 huevo
Harina de trigo
Rebozo
Batimos el huevo y lo mezclamos con el agua.
Vamos añadiendo harina y revolviendo hasta formar una pasta cuidando que no sea demasiado espesa pero tampoco demasiado fluida. Debe cubrir la tajada pero no empastarla.
El rebozo tiene el fin de cubrir la carne del calamar y protegerlo del calor directo en una cocción corta, al tiempo, respeta el sabor de la carne aportando el justo punto de harina, huevo y aceite.
Salamos Dejamos reposar el rebozo.

Fritura
Limpiamos los calamares y cortamos en rodajas y del modo que convenga los tentáculos o las aletas si no queremos utilizarlas en otra preparación. Salamos
Calentamos el aceite de oliva, bien caliente sin que humee. Debe freír sin achicharrar, los calamares debe quedar dorados y no pardos.
Vamos rebozando y poniendo en el aceite caliente. Las tajadas flotarán, le daremos la vuelta cuando convenga y retiraremos sobre papel de cocina absorbente.
Los serviremos con unos gajos de limón. Hay quien le gusta ponerles alioli o mayonesa.
Recomiendo comerlos de aperitivo, almuerzo o merienda-cena con un buen “pa amb tomàquet”

Carnero asado al modo castellano




Carnero, sí; no cordero, carnero era (lat. agnus carnarius; cordero de carne).
Un amigo mató uno de su propiedad y nos hizo llegar una paletilla y un trozo de costilla.
Bien, se convocó reunión para decidir cómo cocinarlo; dos fueron las posiciones más sólidas. La primera apoyaba hacer una sanfana portuguesa porque no se fiaba de la blandura del animal. La segunda pedía un asado al modo castellano que respetaría más el sabor del bicho y, siendo casero – pobre optimista- la dureza no sería tanta. Gano la segunda opción que, he de confesar ya, era la mía. Equivocación total.
Mi tío Cosntante prepararó la primera sanfana que comí. La sanfana viene siendo un braseado de carne sin dorar, previamente adobada en vino con hierbas y hortalizas aromáticas, lo que los entendidos llaman una “daube”. Se hace al horno, con la vianda sumergida en el vino aromatizado del adobo durante aproximadamente tres hora. Esta técnica de cocción hubiera ablandado la carne. Pero no optamos por esto, lo asamos a la castellana.
El asado castellano es para cordero o cabrito, no para carnero. El paladar y aspecto no eran malos, pero estaba demasiado duro. Lástima, Fin, cuando nos traigas otro corregiremos rumbo.
Asado al modo castellano
Calentamos el horno a 150°
Humedecemos los cuartos del cordero con agua salada, no demasiado salada porque esta agua participará en la salsa final.
En la fuente de horno ponemos agua salada, un dedo. Sobre esta, la rejilla con el cordero.
Asamos durante 30 – 40 minutos a 150°, pintándolo cada cuarto de hora con el agua salada de la bandeja mezclada con el jugo que va soltando.
Mientras tanto vamos poniendo al calor una nuez de manteca de cerdo para que se vaya fundiendo lentamente.
Cumplido este primer tiempo, lo sacamos del horno y lo pincelamos con la manteca de cerdo fundida y le damos la vuelta para devolverlo al horno a la misma temperatura durante unos 40 – 50 minutos.
Transcurrido el tiempo de cocción hay que dorarlo, subimos la temperatura al máximo, unos 250°, y lo dejamos estar hasta que se dore.
Lo sacamos y lo reposamos tapado durante media hora en la boca del horno apagado.
Mientras, desglasamos la fuente y reducimos la salsa si fuera necesario.
Servimos con una buena ensalada de lechuga y/o verduras al vapor.

Cocido de espinazo, costilla, papada y chorizo



Sabrosísimo espinazo -oso da soá- (2 vertebras por persona), papada de cerdo –zafeira- (250 gr.) y costilla (1/2 kg), un trozo de ¼ kg carne de ternera (aguja del lado del hueso), le dio sustancia al agua de cocción. Todo este material fue comprado en el mercado de O Porriño, en la parada de Monchi.
Los chorizos (2 chorizos) se le compraron seis a una señora de Gulans (Ponteareas) que vende en el exterior del mismo mercado, notabilísimos.
Le añadimos un repollo verde abierto y cuatro patatas de la huerta, además de los garbanzos (1/4 kg).
Todas las carnes de cerdo las desalamos durante 24 horas, le cambiamos el agua transcurridas 12. Los garbanzos los remojamos durante el mismo tiempo y los cocimos de igual manera que en la recetas de la pata con garbanzos.
Ponemos las carnes de cerdo en agua fría y se llevan a hervir. Al alcanzar el hervor, desechamos el agua, lavamos la olla y las carnes cuidadosamente con agua caliente.
Metemos cerdo y ternera en agua con un par de zanahorias y le damos fuego hasta que hierva, haremos que hierva suave hasta que la carne cueza, dos horas aproximadamente.
Mientras tanto limpiamos, lavamos y cortamos la verdura con cuidado
Retiradas las carnes, en la misma agua, cocemos la verdura; a los veinte minutos ponemos a cocer patatas y chorizos. Al estar cocidas las patatas, podemos pensar en empezar a comer.
Acabada la cochura, se adjuntarán las carnes y calentaremos todo.
Se servirán carnes y verduras
La cocción le dio a la casa olores de la infancia.

Maruca al horno



Repetimos maruca y no hubo queja. Esta semana fue al horno. Se comió entre dos.
Cuatro buenas rodajas de maruca salpimentada a la espera.
Encendemos el horno a calentar a 180°.
Pelamos dos buenas patatas y cortamos en rodajas finas. Las doramos en aceite de oliva y ponemos en el fondo de la bandeja. Doramos también medio pimiento verde a tiras, media cebolla y media zanahoria en rodajas finas. Se lo añadimos a las patatas.
Colocamos el pescado encima. Llevamos al horno con un hilito de aceite y mojada con un chorro de vino blanco. La dejamos al calor veinte minutos.

Pollo de corral estofado





Un pollo de corral tiene una carne oscura, dura y oxigenada. Esta carne debían de tener los pollos chinos primitivos que daban en gallos peleones (Gallus gallus ) hace unos 8000 años.
Esta semana cayó en nuestras manos un pollo de corral, bravío (gallus gallus domesticus).
Si ha crecido con grano, verdura y deambulando a la búsqueda de lombrices por cierta extensión de terreno, estará más delgado y la carne será más oscura y sabrosa que la de un pollo de granja. Son como pollos gimnastas, ¡casi vuelan!, dan miedo.
Este fue al horno, que es la manera cómoda de cocinarlo y, si sobra, da muy buen comer en frío.
Un pollo salpimentado y troceado a cuartos untado ligeramente en manteca de cerdo que doraremos con un poco de aceite de oliva en una brasera o sartén. Reservamos en una bandeja de horno.
Encendemos el horno para que alcance los 180°
En esa grasa doramos un cuarto de cebolla y un diente de ajo picados. Añadimos un cuarto se pimiento verde a tiras y dejamos que también se dore; añadimos una hoja de laurel y un chorro de vino blanco. Raspamos bien el fondo de la brasera o sartén.
Vertemos todo esto sobre el pollo que espera en la fuente y lo llevamos al horno. A los 20 minutos, le exprimimos por encima un limón y lo dejamos 20 minutos más.

lunes, 3 de marzo de 2008

El centrifugador



Aparato imprescindible para secar lechuga o escarola, única manera de que el aceite del aliño impregne bien las hojas. A falta de este ingenio, se pueden envolver las hojas en un trapo recoger las cuatro puntas en el centro, hacer un pequeño hatillo y girar velozmente el paquete habiendo salido al patio o al balcón si no queremos poner pingando de agua las paredes.

Crema de calabaza


Salida a un restaurante con una amiga. Pedimos cocido. Como no tengo nada bueno que decir del tal cocido, no digo nada. Pero no me volverán a ver.
Como consuelo, por la noche, eché mano de algo suave.




Calabaza (pulpa) en gran cantidad hasta casi llenar la olla donde lo hagas
1 cebolla
1 nabo
1 zanahoria pequeña (potencia la dulzura de la calabaza)
1 Puerro
1 rama de apio (si te gusta)
Un chorro de aceite de oliva
Sal
Ponemos agua pero muy poca, un dedo, en el fondo de la olla, hay tiempo a añadirla y las verduras soltarán mucho líquido.
Se cuece hasta que quede bien cocida y se tritura
Se le puede añadir nata o queso, otra opción que nos parece más interesante es rallar queso sobre la crema en el momento de servirla. El mejor es el parmesano, pero un queso manchego curado también le queda muy bien.
Si gustas del picante puedes ponerle unas gotas de Tabasco o un chorro de aceite de oliva aromatizado con guindillas.

Albóndigas de carne de ternera y cerdo



Estas albóndigas mezclan la carne de cerdo y ternera a partes iguales. La de cerdo le aporta sabor y textura a la mezcla, es importante que  contenga cierta cantidad de grasa. La carne de ternera es de la aguja; la de cerdo, de la rabadilla. Es conveniente pedirle a carnicero que pique la carne en el momento. La carne picada hay que utilizarla muy pronto, no aguanta nevera.
Toda la carne, 700g en total, se mezclan, amasando muy bien, con un huevo batido y, todo lo siguiente muy picado, un cuarto de cebolla, dos dientes de ajo, una rama de perejil y sal y pimienta. Al no llevar la masa pan rallado ni harina, si no se amasa mucho, las albóndigas no toman forma.
Tenemos las albóndigas preparadas; las doramos en aceite de oliva y reservamos.
El secreto de las albóndigas está en el sofrito, cuanto más lento lo hagas, más sabor tendrá el conjunto. Quien manda  es la cebolla. Si vas a apurarlo, no hagas albóndigas; haz hamburguesas. 
En el mismo aceite hacemos el sofrito con un poco de cebolla y ajo muy picados -atención, importante- cuando está bien caramelizada la cebolla, añadimos tomate triturado; no mucho y no antes porque cortaría la caramelización de la cebolla. También añadimos ahora un chorro de vino blanco, pimienta y un aire de azafrán. Esperamos que el vino pierda el alcohol y el tomate pierda el agua. El sofrito estará convenientemente espeso.
En él ponemos las albóndigas doradas y añadimos un poco de caldo o, si no tenemos, agua.
Dejamos cocer a fuego suave durante media hora.

Caballa a la plancha con vinagreta suave



La caballa comienza ahora y hasta el verano a subir a la superficie a desovar. Para comer caballa ha de ser fresquísima y esta lo era. La caballa y la sardina aguantan poco en tierra. En Cataluña se le llama barat o verat; xarda o rincha, en Galicia y verdel, por Castilla. Los romanos la ponían en aquella salsa sazonadora que era el garum y que Vazquez Montalbán se atrevió a reconstruir. Pero eso será otra historia.

Hoy la cocinamos en la plancha después de bien limpia y decapitada. En el abdomen se le pone ajo y perejil picado con un poco de sal. Así se deja durante una hora. Mientras tanto preparamos una vinagreta con tres parte de aceite y una de vinagre de Cabernet Sauvignon, a lo que añadimos cebolla, pimiento verde y rojo, cebollino muy picado y unas alcaparras.
Se pone sobre la plancha bien caliente -donde habremos puesto un suspiro de aceite- primero el lomo, a seguir, los lados dejando que se dore bien, pero sin secarse.
Se salsea con la vinagreta y se acompaña de abundante verdura

Lacón con berzas y chorizo




Muy gallego el lacón, como no cuaresmeamos, aún lo comemos después de Carnaval. Hoy lo servimos con berzas y el chorizo casi será una anécdota por lo escaso.
Estos codillos de lacón salen buenos y en la cantidad justa para comer y, si sobra, que sobrará, lo podremos almorzar o merendar.
El lacón, no haciendo caso a lo que indica la etiqueta, se deja en agua durante 12 horas.
A continuación y en agua hirviendo se echa el codillo de lacón entero, al volver a hervir, se desecha el agua y se lava el lacón en agua caliente.
Se pone a cocer en agua suficiente donde habremos puesto puerro, un hueso de ternera y una zanahoria. Cocerá suave durante 2 ó 2 horas y media.
Se retira el lacón y se cuecen las berzas, a los 20 minutos, añadimos las patatas y lo chorizos, hasta que la patata esté blanda.
Y a comer.

Maruca con ajada


¡Como se ponían las paisanas de Louredo cuando le intentaban colar maruca (Molva, molva) por bacalao! La maruca se saló y secó mucho y se ofrecía en las abacerías de Vigo. Ahora sólo la catamos fresca. Gran pescado, muy emparentada con el bacalao, familia de los gádidos. En algunas partes de España se llama pezpalo o pejepalo, en catalán: escolà, llengua de bacallà o congre d’arena.Da muy bien en caldeiradas, suquets y con ajada. Cabeza y espinas harán buenos caldos y sopas.
La ajada (allada) es una de las señas de identidad de la cocina gallega: aceite, ajo, vinagre y pimentón dulce. Sería difícil cocinar en Galicia sin estos ingredientes.
Ponemos agua a calentar con un casco de cebolla, tiras de pimiento verde, rama de perejil y chorro de aceite. Al hervir, ponemos las patatas. Se coceran en 20 minutos. Pasados 15, echamos mano de la maruca y la añadimos. Desde que el agua levante a hervir de nuevo, contaremos 5 minutos y retiraremos. Las patatas deberían estar cocidas, probamos.
Para mí gusto, el pescado no conviene que recueza, sin tener sangre, al lado de la espina debe estar rosado.
Mientras esto sucedía, no hemos estado parados. Aceite en una sartén, dos ajos hasta dorar y retiramos el recipiente para que pierda temperatura y podamos echar el pimentón –no mucho, sino empalaga y emborrona en lugar de dar sabor- y revolvemos. Acercamos al fuego y le incorporamos un chorro de vinagre –prudencia, no demasiado- y lo mantenemos al fuego revolviendo para que el vinagre evapore y el pimentón no se queme. Ponemos también un par de cucharadas soperas de agua de la cocción del pescado. Damos un hervor.
Escurrimos prácticamente toda el agua del recipiente donde cocieron maruca y patatas. Echamos la ajada sobre patatas y pescado y meneamos con cuidado el conjunto, mientras le damos un calor. A la mesa, sin que enfríe.


Pulpo con habichuelas blancas



Hay quien compra e pulpo cocido, en este caso no debemos olvidar pedir un poco de agua de cocción.
El mejor pulpo es el de las rías. Aconsejo comprarlo, limpiarlo sin que toque agua dulce y congelarlo. Para cocerlo es necesario descongelarlo.
Ponemos agua sin sal a hervir, no demasiada. El pulpo suelta mucha al cocer. En ella dejamos flotar un casco de cebolla.
Sosteniendo el pulpo por la cabeza lo hundimos y salvamos de las aguas tres veces. Las puntas de las patas se rizarán graciosamente. Si girásemos la mano poniendo la palma hacia arriba, el pulpo daría la vuelta cubriendo con las ocho patas la cabeza. Pues bien en esta posición lo echamos a cocer.
Debe hervir unos 25 ó 30 minutos, hay que ir pinchándolo para catarle el punto. Vigilaremos que su piel permanezca tersa, si se cuartea y desprende se está pasando de cocción.
Ponemos a escurrir las habichuelas y en una cazuela al fuego vertemos aceite de oliva y dejamos que un diente de ajo lo perfume. Ya añadimos el jamón para que se acalore.
Incorporamos las habichuelas y removemos con cuidado. Sazonamos con pimienta y vertemos un chorrito de vino blanco. Dejamos que se cueza un poco y se evapore el alcohol.
Cortamos con tijeras de cocina el pulpo en trozos no demasiado grandes y lo adjuntamos a las habichuelas con un poco de agua de cocción del pulpo. Removemos para homogenizar y dejamos hervir unos instantes, no debe quedar caldoso.

A vueltas con un filete de vaca


Para empezar conviene conocer a un carnicero que trabaje carne honrada.
El filete debe tener cierto grosor y ser de novilla o vaca: la carne es más sabrosa que la de ternera, si bien un poco menos tierna.
Es mejor que no venga directamente de la nevera, si está a temperatura ambiente, mejor. Conviene golpearlo un poco: aplastando la carne, se rompe la fibra y se ablanda. Hay artilugios diseñados para tal propósito, pero la hoja de un cuchillo grande nos puede valer.
Salamos levemente.
La plancha o sartén de hierro bien caliente -es importante que sea de hierro y bien pesada - la impregnamos de un poco de aceite.
Ahora hay que concentrarse y estar en lo que se celebra.
Pondremos la carne en la plancha, la dejaremos al calor el tiempo que consideremos para que se haga a nuestro gusto, mientras un diente de ajo se va asando al lado de la carne.
Sólo le daremos la vuelta para que adquiera el punto final, cuando estemos convencidos que el primer lado está en su punto.
Es importante que no vuelva a tocar plancha por el primer lado. Esto es lo que significa “vuelta y vuelta”. Si enredásemos con el filete sobre la plancha a un lado y otro, se secará y se pondrá duro.
Si no ha soltado agua y ha dorado, vamos bien. De lo contrario, hay que cambiar de carne y/o de carnicero. Si no sabe a nada, no es que hayamos perdido el paladar; créame, hemos perdido el tiempo. La carne no es buena
Pasaremos la carne al plato sin olvidarnos del jugo y el ajo asado.
De guarnición abundante ensalada de escarola.

Ensalada de escarola con vinagreta de ajo




Hay que procurar buscar escarola blanca, de sabor mucho más suave y tierna que la verdes. Se mantiene atada mientras crecen para evitarle la luz y así no verdea.
Escarola muy bien lavada y seca (centrifugada). El sabor de una escarola o lechuga tratada así es completamente diferente a otras que vaya al plato sin lavado eficaz.
Aliñada con tres partes de aceite de oliva extra, una de vinagre de Jerez y un diente de ajo picado. El orden sería, sal, aceite y ajo, y vinagre.
Revolver convenientemente.